En un lugar de la Mancha...

En un lugar de la Mancha ,de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.

miércoles, 23 de abril de 2008

un sueño no hecho realidad. Dulcinea

19. Descripción del sueño de uno de los personajes

Delante de mis ojos, vi un paisaje espléndido bañado por la luz tenue del atardecer. Me sostuve en un árbol con una mano y dejé libre mi pelo oleando en la brisa fresca. En el cielo, la luna empezaba a brillar, y el sol, poniéndose me decía adiós con sus reflejos anaranjados. Las montañas dejaban circular entre ellas un río que terminaba en mar delante del abismo del precipicio en el que permanecía inmóvil y observadora. Desde mi posición pude percibir una figura, una forma a lo lejos del inmenso río. Un barco con siete velas se aproximaba con una lentitud de derrota. Cuando estaba ya casi debajo de mis pies, pude ver la silueta de un hombre, un joven apuesto abatido por el tiempo, débil como una hoja seca de otoño. Parecía más vivo el árbol con el que me sujetaba, totalmente despojado, que el joven del navío. Alzó la vista, no pude moverme. Los piés parecían hincados en la tierra, su mirada era perdida pero intensa, como si analizara cada detalle de su alrededor buscando quizás algun consuelo. Intenté buscar sus ojos para coincidir con ellos. El joven me percató y queriendo rehuir de su atención no pude más que clavar mis ojos en los suyos a metros de distancia y altura mientras la luna se apoderaba del cielo y las estrellas se preparaban para la noche mirándose en los espejos del río. El escenario parecía estar envuelto de una aureóla de colores. Predominaba el azul, el amarillo y el violeta. Nuestros ojos aún fijos permanecían, como si sujetaran una cuerda que jamás pudiese destensarse. El barco seguía su ruta y sólo variaba la posición de la cabeza del joven y la mía haciendo durar lo máximo aquél encuentro mágico y esperanzador. La noche acabó llegando con su totalidad y sólo las estrellas y la luna podían verse en el paisaje.

Desde entonces, sueño con que ese joven aparezca y me suba en su navío para perdernos de nuevo en esa aureóla mágica y lúcida.

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