- Nací sierva de este pueblo y desde niña siembro el campo, recojo frutas y me ensucio la cara con el barro de las viejas raíces. En mi casa no entienden de edades ni de sexo pues aquí trabaja el niño y el abuelo. Y además, cuando se junta el hambre y las ganas de comer, ¿qué sirivente nos trae un plato caliente? Las costumbres no son el oro ni la plata sinó el trigo y la chatarra. ¿A caso tengo culpa yo de haber nacido en tal família? Y por mi belleza, ¿no puedo tener derecho a cambiar de vida, ser doncella y vivir en un palacio o un castillo adornado? No, aquí cuanto veis relucir ensuciase de polvo, de tierra y lo único que reluce son gotas de sudor recorriendo mis sienes. Pero si fuera sólo yo la condenada al trabajo y esclava del sol sofocante de verano, si sólamente yo estuviera encadenada de por vida a la campiña, aún lo perdonaria pero demasiados somos quiénes cada dia nos depierta de la almohada la soleada mañana para recordarnos nuestra tarea. Esta es la cuestión, si Diós ama a los hombres y a las mujeres por igual, si ama a los niños y a los viejos, a los ricos y a los pobres, a los menesterosos y a los preponderantes, ¿por qué a unos les da la tierra virgen, y a otros doncellas para trabajar la tierra? y es más, ¿por qué quienes encima de trabajar la tierra virgen, deben dar una parte a los que comen mientras los otros mueren? Como mi nombre, Dulcinea, dulce soy por naturaleza pero el viento y el sol secan la humedad joven de mi piel y arrugan mis manos.
¿Diós me dió juventud para perderla? No es ley de vida la submisión a iguales que tomaron poder y soverbia para mandar a sus hermanos, obligarles al trabajo y a entregarles una parte de biénes tanto si queda para ellos como si nó. Deseo que algun día llegue el momento en qué los tiempos cambien y mis hijos y mis nietos vivan mejor, con justícia y libertad, igualadad y fraternidad.
¿Diós me dió juventud para perderla? No es ley de vida la submisión a iguales que tomaron poder y soverbia para mandar a sus hermanos, obligarles al trabajo y a entregarles una parte de biénes tanto si queda para ellos como si nó. Deseo que algun día llegue el momento en qué los tiempos cambien y mis hijos y mis nietos vivan mejor, con justícia y libertad, igualadad y fraternidad.
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